Esta Navidad hice mi habitual lista de buenos propósitos para el nuevo año, que incluía ser más generoso, ir a la compra haciendo marcha y provocarme menos el vómito. En lugar de eso, me puse una camisa del Caprabo y me colé en la gala de los
Premios Forqué. Traicionarse a uno mismo nunca tuvo tanto
glamour.
Allí me encontré lo que cabía esperar: más estrellas por metro cuadrado que... en un piso muy pequeño... en el que por algún motivo solo viven estrellas...
Todos iban preciosos, por supuesto. Ellas, radiantes con sus vestidos, sus pendientes y esas cosas que llevan las mujeres, y ellos...
¡En un planetario para enanos! ¡Más estrellas por metro cuadrado que en un planetario para enanos! ¿Es... Es demasiado tarde para hacer el símil?
Era la gran noche del cine español. Bueno,
sin contar los Goya. A quién pretendo engañar:
TODOS me hablaban de los Goya. Que si todas las películas nominadas a los Goya son geniales, que si qué ilusión que me hayan nominado al Goya, que si Goya Toledo me pegó un condiloma... Maldita sea, si vi a Javier Gutiérrez dándole su Forqué a un
hobo (algo así como un mendigo, pero con un rollo poético de que viaja y eso).
La cosa es que ya estaba harto de la preguntita de rigor de qué-bien-dosmilcatorce-para-el-cine-español-pues-sí-la-verdad-es-que-ha-sido-un-año-muy-bonito, así que cogí por banda a
tres seres fílmicos para preguntarles cuál era
la peor película que habían visto en su vida.
Estos tres zanguangos vinieron a ser, en estricto orden alfabético,
Raúl Arévalo,
Natalia Tena y
Manuela Vellés. El primero y la última, bien estaban en blanco, bien no querían mojarse mucho por si acaso. Yo qué sé. Imagínate que dices que el zurullo más gordo que has visto en tu vida es
El incidente y luego te llama Shyamalan para darte un protagonista, os lleváis muy bien, que hasta te dice qué significa la "M." de su nombre, le da por entrar en este blog y se entera del percal. ¿Tú sabes lo incómodo que sería eso? Que te diga Mark Wahlberg, que dijo que el zurullo más gordo que había visto en su vida era
El incidente cuando todavía estaba rodando
El incidente.
Y es que
El incidente es
un zurullo muy gordo.
La que no tuvo reparos en tirar la mierda al ventilador, siempre desde el respetito, fue Natalia Tena, protagonista de esa maravilla llamada
10.000 km, maga de pelo cambiante en la saga de
Harry Potter, gata salvaje en
Juego de tronos y lideresa acordeón en ristre de la banda
Molotov Jukebox, madre de un género que han venido a bautizar como
gypstep. Y
dueña de mi corazón desde ya. Le he mandado una carta con un mechón de pelo para declararle mi amor. Eso es lo que les gusta a las chicas, ¿no?
Desde este humilde blog de cultura regulera, muchas gracias a Raúl, Natalia y Manuela (los llamo por su nombre porque ahora somos
íntimos) por su infinita amabilidad, simpatía y paciencia. Sois preciosos.
Y vosotros, lectores gafacasposos, disfrutad de este breve vídeo y
no recicléis pilas. ¿Soy el único que piensa que no puede ser bueno apilar (ja, ja) tantas pilas en un mismo lugar? Los contenedores de pilas son
bombas atómicas en potencia.